*Narcofiltros Rechazados
*Priistas de Confianza
*Ni Picha Ni Cacha
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La gobernadora Maru Campos estuvo en Ciudad Juárez, donde aprovechó toda la algarabía de Morena para dejar claro que en Chihuahua no se dejará entrar a los narcogobiernos de Morena.
Hizo alusión al hecho de que los diputados de Morena rechazaron el blindaje electoral para evitar la incursión del narco en las elecciones.
Maru tiene razón. Morena se negó rotundamente a implementar filtros para impedir que cualquier integrante del narco pueda ser candidato o proponer candidatos a cargos de elección popular.
Era obvio, pues se sabe que, en Chihuahua, el aspirante Cruz Pérez Cuéllar tiene a una Policía Municipal como brazo armado de los «malitos», y la otra aspirante, Andrea Chávez, está financiada por los «malitos» con escoba de Tabasco.
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El exfiscal general del Estado, César Jáuregui Moreno, se puso las pilas y comenzó una campaña de promoción de su imagen, destacando su trayectoria política.
Lo que no supo explicar es el motivo por el cual mantiene una plantilla de colaboradores del PRI, y no del PAN, para fortalecer su proyecto político.
Esto despertó la inconformidad de los panistas, quienes cuestionan el actuar de César Jáuregui, a quien consideraban un panista de hueso colorado, pero a quien ahora ven como un simple priista de la escuela de César Duarte.
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Esta semana, durante la reunión de titulares del Ejecutivo en Pueblito Mexicano, el representante de la gobernadora, Carlos Ortiz, protagonizó un fuerte enojo con uno de los funcionarios presentes. ¿La razón? El funcionario propuso que, dentro del programa «Toca, Toca», mediante el cual se informa a los ciudadanos sobre los resultados del Gobierno del Estado, se dedicara un mayor espacio para explicar el funcionamiento de Centinela.
La propuesta surgió porque, de acuerdo con los propios ciudadanos entrevistados, existe una buena aceptación del programa de seguridad y muchos han manifestado su interés en conocerlo mejor. Sin embargo, la reacción de Carlos Ortiz fue desproporcionada, lo que hizo pensar a varios asistentes que podría existir alguna diferencia personal o incluso celos hacia Gilberto Loya.
Ese Carlos Ortiz ni picha, ni cacha ni deja batear. Con ese berrinche dejó desconcertados a todos los titulares presentes, evidenciando que no resuelve problemas y que, además, es un pésimo operador político. No por nada lo desechó el PRI en los años noventa; tampoco Javier Corral confió en él, al quitarle la regiduría número uno rumbo a la elección de 2016. Y cuando fue candidato a diputado por el sexto distrito, tampoco logró despertar simpatías ni generar respaldo para su partido.

